Messi, en estado de gracia con la Selección Argentina

Sobran los adjetivos para describir el Mundial de Lionel Messi, el director de orquesta de una Selección Argentina que llegó a la final con un fútbol de alto vuelo, garra y corazón. Y con él en estado de gracia. Porque esta noche frente a Croacia volvió a demostrar que es el dueño de la pelota: abrió el marcador con un penal preciso, lideró cada uno de los ataques albicelestes y le puso el broche de oro a la noche en Qatar con una asistencia notable para el doblete de Julián Álvarez.

Pasada la media hora del primer tiempo, cuando los ajedrezados controlaban el juego y buscaban inquietar el arco de Emiliano Martínez, el combinado nacional aprovechó un resquicio entre la zaga balcánica, el Araña quedó mano a mano y fue derribado por el arquero Dominik Livakovic. Tal como pasó en los cuartos ante Países Bajos, el N°10, que asustó a más de un hincha al tocarse durante un largo rato el aductor izquierdo, se hizo cargo del penal y no perdonó: zurdazo al ángulo para el 1-0 y la euforia de toda su familia en la tribuna del Lusail.

Su conquista desde los doce pasos, además de ubicarlo como el máximo artillero de la Selección en los Mundiales, agigantó al equipo y lo animó a ir por más. Messi se encargó de manejar los hilos del partido, hizo danzar la pelota entre un sinnúmero de piernas croatas y hasta combatió con el cuchillo entre los dientes cuando hubo que recuperarla. Cinco minutos después de abrir el marcador, la Selección estiró la ventaja gracias a una corrida memorable de Álvarez, quien arrancó en el círculo central y terminó festejando adentro del arco.

En el complemento, más allá de su dolencia muscular, el N°10 de la Scaloneta siguió desparramando rivales y generando situaciones de gol. Pudo haber firmado su doblete antes de los 15, cuando quedó mano a mano tras un toque sutil de Enzo Fernández, pero no pudo darle dirección de red a su zurdazo. De todas maneras, fue protagonista estelar en el 3-0 de Julián: enfrentó en el costado derecho al temible Joško Gvardiol, se escabulló en el área a pura gambeta y asistió a su compañero con su infalible pase al medio.

La última media hora sirvió para reafirmar el compromiso y la concentración de Argentina, que sufrió poco y nada los manotazos de ahogado de Croacia. Messi cuidó la goleada con la pelota debajo de su botín dorado, esperó el silbatazo final de Daniele Orsato y salió disparado a festejar el pasaje a la final con los hinchas. “No los vamos a dejar tirados”, había avisado tras la caída en el debut con Croacia. Y cumplió. Ahora se viene Francia o Marruecos en la cita por el título máximo. ¿El destino del fútbol le tendrá preparada otra noche de gloria?

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